Cinco pasos para pasar de la intención de proteger a un protocolo escrito que la gente sepa aplicar.
Para quién: Líderes comunitarios, docentes, agentes de pastoral y equipos psicosociales.
Un protocolo sin nombres no se aplica. Define quién recibe un reporte, quién acompaña y quién escala. Dos o tres personas bastan para empezar.
Escribe qué se hace antes (prevención), durante (contención y reporte) y después (acompañamiento y reparación). Esa línea es el corazón del protocolo.
¿Cómo avisa una persona que algo está pasando? Debe haber al menos una vía que no dependa de hablar con quien podría estar implicado.
Grupos de mensajería, uso de fotografías de menores, contacto individual entre adultos y menores por canales privados. La mayoría de los vacíos actuales están aquí.
Un protocolo que solo conocen tres personas no protege a nadie. Preséntalo a la comunidad y ensaya un caso simulado antes de necesitarlo.
En el taller Guardianes del Cuidado, las comunidades salen con esta ruta construida, adaptada a su contexto y acompañada de un kit de herramientas digitales.
Esta guía cubre lo esencial. El programa completo lo trabaja con tu equipo, sobre tus procesos reales, con acompañamiento y medición de impacto.